Salto al vacío

En Artebeté, Artistas

Hace una semana, conmemoramos el nacimiento de Yves Klein, uno de los artistas más importantes del siglo XX considerando no sólo su legado, sino el carácter del mismo; Klein traspasó los límites de la materialidad integrando y relacionando distintas plataformas expresivas, generando el eco monocromático que sigue influyendo al arte de nuestros días.


Azul profundo

Sin dudas el aspecto más reconocido de sus obras es el profundo, enigmático y enérgico uso del color. Desde muy temprano, el artista francés se sintió atraído hacia las aplicaciones en campos monocromáticos que en un primer periodo, exaltaron el espectro rosa, dorado y verde. Esta elección no respondía a una cuestión arbitraría; cada tono elegido representaba a los Rozacruces, Orden de quien fue seguidor.

Aquí se revelan los ejes principales del contenido de su obra: la espiritualidad y el esoterismo marcarían una clara dirección hacia el campo experimental, que decanta en una primera serie a mediados de los 50’ conocida como Monocromos. Este momento coincide con la aparición del rasgo más característico de su quehacer; el uso del azul ultramarino.

El idilio con este color está estrechamente vinculado a su juventud en Niza, lugar cuya luminosidad, a decir de Daniel Moquay – director del Archivo Klein de París – le provocó una obsesión. Para Klein, el azul tenia la capacidad de traspasar el sentido y los límites impuestos por la línea. Casi una década después, esto lo llevaría a patentar un pigmento específico de un vibrante azul que sería conocido como International Klein Blue (IKB).

Vale señalar además, que muchas de las piezas pertenecientes a este periodo se encuentran en su paso por Latinoamérica, exhibidas en Fundación Proa en Buenos Aires. La primera retrospectiva realizada en esta región, se compone de más de 70 obras y 100 documentos.

“Al principio es una nada, luego una profunda nada, después una profundidad azul”.

-Palabras del filósofo Gaston Bachelard, utilizadas por Klein.

Como ya señalado, Klein dejó una profunda marca en el arte contemporáneo. Su contribución fue basamento de la neovanguardia – en particular del minimalismo – que se nutrió del carácter experimental de sus prácticas.

Un punto determinante a considerar al acercarnos a su obra es que su contribución trasciende a su obstinado uso del azul. Su compleja personalidad artística dispara influencias en todas direcciones: desde el arte performativo, hasta el conceptual, se destacan aquí tres ejemplos que dan cuenta del alcance de su legado.

El Vacío

Uno de los primeros acontecimientos artísticos que marcan el desarrollo de su obra se lleva a cabo el 28 de abril de 1958. La exposición “El Vacío”, realizada en la galería Iris Clert, invitó público a una sala pintada enteramente en blanco que se hallaba en apariencia, vacía. La intención de la acción fue de que el público sea capaz de descubrir allí “superficies y bloques de sensibilidad pictórica”, lo que le otorgó también la etiqueta de “artista de lo inmaterial”.

Esta exhibición, a medio camino entre una performance e instalación marca la linea de transición a un espacio fuera lo tradicional tradicional, donde el concepto tomaría una posición aún más relevante.

Antropometrias

Un año después, en marzo de 1960, una centena de invitados se congregaba en Galerie Internationale d’Art Contemporain, en París, para ser parte de un espectáculo presentado por el propio Yves Klein,  quien esperaba a la audiencia ataviado como un director de una orquesta. Mientras que un grupo de músicos interpretaba a Sinfonía Monótona Silencio, Klein dirigía a un grupo de tres mujeres desnudas quienes al ingresar al salón de la exhibición, procedieron a untarse el torso y los muslos con el característico IKB, imprimiendo luego sus cuerpos en hojas de papel blanco.

 

Anthropométrie de l'époque bleue (ANT 82), 1960, 156,5 x 282,5 cm. © Yves Klein Archives
Anthropométrie de l’époque bleue (ANT 82), 1960, 156,5 x 282,5 cm. © Yves Klein Archives

El público era testigo de una manifestación espontánea donde varios medios expresivos eran integrados en un happening – como se los conoce en inglés – un tipo de práctica artística que iniciada por Allan Kaprow, cobraría fuerza con el movimiento neodadá. La renuncia al pincel como herramienta fue una elección temprana para Klein, quien lo consideraba un recurso “excesivamente psicológico”, reemplazándolo por el cuerpo a modo de pinceaux vivants (pinceles vivientes).

Pinturas de fuego

Un año después, se nutre del proceso realizado en Antropometrías para realizar una serie de “pinturas a fuego”. El artista intervino con un soplete cartones de gran densidad que eran luego complementados con pintura. El cuerpo femenino se hizo de nuevo protagonista, siendo éste rociado previamente con agua y luego contrapuesto al soporte para así generar con la técnica una imagen positiva-negativa en la composición.

“Mis cuadros son solo las cenizas de mi arte”

La fuerte carga conceptual protagoniza esta pieza en la presentación de un cuerpo que se trasciende a sí mimo en la instancia abstracción y en decisión de mostrar la figura femenina que niega la pasividad; la mujer en Klein fue un agente dinámico en tanto en el discurso como en la creación de las piezas.

Peinture feu couleur sans titre (FC 1), 1962, 141 x 300 cm.
Peinture feu couleur sans titre (FC 1), 1962, 141 x 300 cm.

Desarrollada en un periodo menor a una década y parte de una corta carrera -Klein fallece a los 34 años de un ataque al corazón, que se cree haber sido propiciado por la constante exposición al pigmento que utilizaba – la obra del artista desafía de manera altisonante al marco academicista y las convenciones impuestas por la técnica. Su obra es un salto a la dimensión espiritual que empuja al arte al extremo de repensarse a si mismo y a replantear el rol del artista, más allá de los medios, sus herramientas, la individualidad y la intención.

– Diana martinez
LINKS ÚTILES

Yves Klein. Retrospectiva – Exhibiciones | Fundación PROA.
Yves Klein Archives

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