Luz, cámara, determinación

En Artistas

Portada: Cortesía

En la primera entrevista del año, nos acercamos al Cine desde la mirada de Tania Cattebeke, quien comenta los detalles de su producción, sus influencias y lo que hay detrás de la pasión por contar historias.


La última década ha sido decisiva en el desarrollo del sector audiovisual en el país. Desde el espectro académico, el número de opciones para la formación en este ámbito sigue en aumento; a propuestas como la Escuela de Cine del IPAC -la primera de este tipo en el país- se sumó hace 4 años, la carrera de Cinematografía en la Universidad Columbia.

Sin dudas, estas circunstancias son vitales en el desarrollo de un campo que conforme se va consolidando, exige un contexto definido para sostener su crecimiento. Los esfuerzos de sus agentes se han traducido -entre muchas acciones- en un proyecto de Ley, presentado al Senado en marzo del año pasado. Del mismo se destacan cuatro puntos principales: La creación del Instituto Nacional Audiovisual, clave para garantizar incentivos para la producción local, la conformación de un Consejo Nacional Audiovisual, que haría más efectiva la relación entre diversos sectores e instituciones, la generación del Fondo Nacional Audiovisual, que impulsa a la producción local mediante créditos y finalmente la instauración del Día del Cine Paraguayo para el reconocimiento de y promoción de la actividad relativa a este campo.

Son grandes pasos los que se dieron en un periodo tan corto de tiempo. La producción nacional ha recibido en los últimos años, un nivel importante de exposición y reconocimiento. Desde el estreno de “Hamaca Paraguaya” (2006) de Paz Encina – quien presentará su trabajo el mes que viene en el MoMA – obras de realizadores como Renate Costa (“Cuchillo de Palo”, 2010), Mauricio Rial (“Tren Paraguay” 2011), Juan Carlos Maneglia junto con Tana Schémbori (“7 cajas”, 2012), Pablo Lamar (“La última tierra”, 2016) y Marcelo Martinessi con (“La voz perdida”, 2016) por sólo citar algunas, han conseguido atraer la mirada internacional hacia la producción local.

Una mirada que se ha posado también, sobre aquellos que se encuentran en proceso de formación. Tania Cattebeke (25), ha logrado el año pasado su segunda serie de reconocimientos a nivel internacional; su cortometraje “Olia” fue uno de los proyectos finalistas -entre más de 800 en toda la región- del concurso Emerging Voices del Financial Times, así como en el KisaKes Short Film Festival, realizado en Turquía.

Tania ya había experimentado la sensación de llevar su producción más allá de las fronteras. En 2015, su corto “Quiescencia” resultó ganador del Leamington Underground Film Festival en Reino Unido. Ambos proyectos fueron realizados como tareas para la carrera de Cinematografía, la cual está finalizando este año.

 

Tras sus gafas se percibe la mirada serena y directa, atributos también reflejados en su actitud. Una mirada que por cierto, no dejó de iluminarse en el transcurso del relato sobre su relación con el cine. Su pasión por el séptimo arte se hizo sentir desde temprana edad: “Me di cuenta de lo que quería hacer cuando tenía 17 años.
 Mi papá me inculcó el hábito de la lectura, me gustó siempre escribir. Siempre me gustó contar historias. En el colegio me empezó a gustar la fotografía y cuando estaba en el segundo año de la media, tuve un profesor de psicología que me marcó. Él nos hizo hacer un análisis muy interesante sobre Trainspotting. Para mí, que venía de un colegio católico, me movió el camino. Todo lo que me apasionaba se encontró. En ese momento mi intuición me dijo que era eso lo que quería hacer.”

Además de su vocación, este episodio definió la dicotomía entre psicología y el cine, senderos que se entrecruzan con frecuencia en su tarea creativa. Para el tiempo que había terminado su formación secundaria, la carrera de Cinematografía aún no había sido habilitada y, como muchos otros con intenciones formarse en el campo,  encontró que las opciones eran escasas. La gran mayoría de los realizadores hoy consagrados estudiaron en el exterior, lo que para ella no se presentó como opción en ese momento. Este escenario dirigió su formación en primera instancia, hacia la Psicología.

No es necesario pasar mucho tiempo conversando con Tania para percibir su interés por la organización. Ella misma destacó esta inclinación por el orden, como algo relativo a la labor que desempeña en una entidad bancaria hace ya varios años. Algo que se comprueba también en su anécdota, que continua con la imagen de ella misma con un pie en el final de una carrera académica y otro en el inicio de una nueva. Sólo el rigor hizo posible que haya realizado ambos procesos en el mismo año: “Cuando terminé mi último año académico en psicología me enteré que se abría la carrera de cine en Paraguay. Hice mi tesis ese año, comencé la carrera y seguí trabajando.”

Pese a las dificultades, Tania continuó con un flujo constante de producción. Desde ese entonces, tuvo la oportunidad de dirigir otros cuatro materiales, además del par ya mencionado. Aparte de Danny Boyle, su obra -que presenta atmósferas nostálgicas e introspectivas- recibe una fuerte influencia de directores como David Lynch y del matiz del cine latinoamericano, en particular, el argentino. A esto se añade, el sesgo psicológico en la construcción narrativa: “Trato de siempre ir hacia lo cognitivo-conductual, no tanto hacia el psicoanálisis. Aunque es el psicoanálisis la escuela que marca más en el Arte. Me puse como desafío tratar de ir hacia lo otro para tratar de construir mis personajes. En un guión literario, a diferencia de la prosa, generalmente podes contar solo lo que ves y lo que escuchás. En lo cognitivo-conductual desarrollás también esa capacidad de observación visual y sonora.”

 

“Trato de abrazar todo lo que viví y lo que escuché, para potenciarlo”.

 

Las implicancias de lidiar con la burocracia en una institución pública o los relatos extraídos del entorno familiar, son ejemplos de sus ejes de contenido, relacionados siempre con la esfera personal. Su proceso recoge lo particular como punto de partida: “Empieza con una idea, que puede venir de algo que escuchaste, que viviste. “Olia” por ejemplo, comenzó con un sonido. Fue un proyecto que realicé con fotos y montaje sonoro. Fue el sonido que me inspiró, el de la campana. “Raquel”, que es un documental (actualmente en proceso), empezó en una clase. Todo a la vez, surgió a partir de un ensayo que mi hermana había hecho sobre ella.”

La experiencia es el basamento para producir: “alguien que quiera construir algo ajeno a sí mismo, va a construir algo vacío”, remarca. La simplicidad con la que construye sus tramas, las dota de una autenticidad que se revela desde el primer instante, más allá del género en el que se las ubique.

 

Backstage de “Olia”, una de las producciones premiadas de la realizadora.

Si bien se encuentran en fase experimental, las piezas que le valieron el destaque como realizadora a nivel internacional, estuvieron a la par de aquellas realizadas con elevados estándares técnicos de realización. Sobre su experiencia en el exterior, comenta que así como los jueces se mostraron interesados por la procedencia del material, se mostraron sorprendidos al descubrir -en el caso de “Olia”- que la producción tuvo un costo cero.  “Los otros dos cortos con los que competí – añade – costaron 20.000 y 40.000 dólares.”

“Alguien que quiera construir algo ajeno a sí mismo, va a construir algo vacío”

No extraña que a raíz de estas circunstancias, Tania se tome la labor académica muy en serio. Para ella, educarse en un campo que impone resistencia exige por sobre todo, disciplina: “Al querer hacer cine, uno tiene la responsabilidad de formarse. Conocer películas, directores, entender cuestiones técnicas, conceptuales. Socialmente, en esta etapa, es difícil que se entienda lo que implica hacer cine. En realidad es algo que exige un montón de disciplina. Uno siempre está aprendiendo conceptos nuevos que se están desarrollado. En el sentido académico, es importante asumir ese desafío y ese compromiso.”

 

La carrera de Cinematografía es uno de los pasos claves para impulsar la producción local. El director de la carrera es el también realizador, Sergio Colmán.

 

Y para quién se sienta motivado a emprender un camino similar, la formación- en su opinión – es un paso que no puede saltarse. Decidir hacerlo tiene a la vez, sus implicancias: “habla de dónde está tu motivación. Si uno quiere contar historias, tiene que aprender a contarlas. Es un camino que implica que uno no haga de menos a la formación académica. Hay un montón de conocimientos que van a estar mejor organizados en un espacio académico. Tania señala, lo importante de pasar por una experiencia colectiva para hacer cine.

Y es que el cine no puede pensarse sin lo colectivo. Tal vez la naturaleza colaborativa de este campo de producción, es la que haya propiciado su progresivo desarrollo en los últimos años. Esta condición podría así mismo, impulsar la emergencia de cada vez más perfiles como el de Tania; personas que se sienten comprometidas con el desarrollo del Cine Paraguayo. Podrá ser éste el ingrediente principal en la receta para llevar con éxito el proceso de aprobación de la Ley de Fomento al Audiovisual, que consolidaría el campo para seguir creando.

Un panorama turbulento, indefinido, pero prometedor. El cine, en palabras de Tania “es una ventana, es la herramienta más poderosa de comunicación.” Ésa es la imagen que se quiere dejar al final de este encuentro; la de una ventana abierta, que nos permita a través del arte, vernos a nosotros mismos y a los demás, en un escenario donde las posibilidades están definidas por las ideas y la determinación.

ENTREVISTA REALIZADA POR DIANA MARTÍNEZ PARA MUSA
AGRADECIMIENTO A RICARDO ARRIOLA.

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