FATA MORGANA

En Reseña

sobre “Paréntesis abiertos” de Liz Haedo


por Andrés Ovelar

Está el acontecimiento y luego, en la distancia, su narrativa. Sea esta escrita u oral existe ahora un duplicado del primero, imagen del hecho. Su re-presencia, si se quiere. Idea del simulacro. No una imagen que sea espejo sólo sino una que sea territorio en derecho mismo. Una imagen que, quizás, reemplace su pliegue, su dúplica. 

Sabemos de hecho que con frecuencia los simulacros terminan reemplazando a sus referentes. En Cultura y Simulacro Baudrillard (2008) ejemplifica esto trayendo a colación el caso de los íconos divinos y los dioses, donde la prohibición o destrucción de imágenes divinas en algunas religiones se corresponde con el temor a desenmascarar que no ha existido divinidad alguna en primera instancia, que sólo ha existido su imagen, su simulacro. 

Puede uno imaginarse lo que ha obligado el simulacro que Paréntesis abiertos instala —simulacro literario, en este caso—, qué territorios o referentes se represencian en el libro. Sea como haya sido, lo más probable es que uno nunca llegue a saber de esos acontecimientos. Sobra ahora su simulación, únicamente eso. Sobra ahora el texto y quizás no haya existido otra cosa más que la palabra.

Una manifestación posible de la fata morgana, espejismo meteorológico, consiste en la duplicación del horizonte, hacia arriba. Ocurre cuando diferentes capas de la atmósfera poseen temperaturas y densidades disímiles; el sol calienta una capa, pero aquella abajo se mantiene fría, así, la luz se refracta descendiendo al atravesar la temperatura inferior, pero ante los ojos de quien mira se sitúa el haz donde debería de haber llegado en línea recta. Aquello ubicado en línea de horizonte flota, o, en ciertos casos, se refleja como en espejo. Hay, en esta forma de fata morgana, dos horizontes; el verdadero y aquel del espejismo. Objeto y simulacro.

Las fatas morganas son comunes cerca de grandes extensiones de agua, y el campo semántico de lo acuático no es extraño en la plaquette de Haedo —la protagonista se imagina pelopinchos hirviendo, o recuerda playas donde alguna vez el nombre—. En el libro el territorio prosaico se simula, se compacta vertical esta vez, trazando en la forma de la poesía su mapa. Una refracción del horizonte, una diferencia de temperaturas y entonces un espejismo. Mapa que sirva —repitiendo palabras de Aida Risso— no para encontrar algo, sino para perderse, para no volver.

La historia de Paréntesis abiertos tal vez se ubique en ese espacio justo antes de lo prosaico y lo poético, no en el territorio ni en su mapa sino en el punto donde el suelo espera duplicarse. Cierta lectura podría indicar que los poemas no se tratan de continuación de la línea narrativa, sino de reescritura del texto inmediatamente anterior, el prosaico. Como si el propio libro se tratase de un juego de imágenes volteadas, vueltas a simular, ubicando quizá eso capaz de blandir un cuchillo en los simulacros de la obra.

No ya el simulacro del acontecimiento sino ahora simulacro de la prosa, la poesía como espejismo, como meteorología donde el horizonte se duplica, una cuestión de diferencias. Cabría preguntarse si Haedo ha condensado la prosa a la forma de su mapa, si la máscara terminó revelándose como único rostro, o si no ha habido otra cosa más que la máscara desde su origen. Puede que el horizonte que se duplica sea el solo horizonte que se ha creído perdido en su réplica —no mirar el borde es también otra forma de salvarse—. 

Los propios personajes parecen estar conscientes de esta apuesta; Machi, protagonista del libro, a menudo se observa en el espejo y rechaza su reflejo, para casi inmediatamente después desdoblar la situación en lenguaje poético. Puede que su angustia no nazca del temor o incomodidad para con su reflejo, sino de la certeza íntima de que no ha existido nunca otra cosa más allá que precisamente su reflejo, que la imagen no es otra cosa que simulacro perfecto, fascinantemente atroz (Baudrillard, 2008). 

Eso que no tenía forma más que en su espejismo se represencia, se revela en temperaturas diferentes donde no se le permite a la luz un viaje recto. Idea del espejismo. Para imaginarnos, aparentes y terribles, al final del blanco abierto.


El sello editorial Aike Biene presenta Paréntesis abiertos de Liz Haedo el viernes 5 de Julio, a las 20 hrs, en la biblioteca del Centro Cultural de España Juan de Salazar. El libro en formato plaquette cuenta con la edición de Giselle Caputo y el diseño editorial de César Barreto. 


REFERENCIA

Baudrillard, J. (2008). Cultura y simulacro. Kairos. Barcelona, España.