El juego de la luz

En Artebeté, Artistas

En retrospectiva esta semana e inaugurando la sección #Artebeté, se presenta la obra Proposition Lumino-Cinetique Pour une Partie de Ping Pong (Proposición lumínico-cinética para una partida de Ping Pong) del reconocido artista Enrique Careaga. Esta es la primera entrega de lo que pretende ser un recorrido por piezas relevantes en la historia del arte visual paraguayo.


El arte óptico- conocido como Op Art – fue un estilo que emergió durante los ’60, derivado del movimiento minimalista y en donde la forma geométrica se subordinó a modo de producir ciertos efectos visuales. La técnica, está ligada estrechamente a una exploración en la teorías del color y de la percepción. El considerado impulsor de este movimiento fue Victor Vasarely, que junto con otros artistas como los latinoamericanos Jesús Soto o Julio Le Parc, se destacaron en esta línea.

Durante este mismo período, en la escena local, un grupo de jóvenes se revelaba contra el estado de la escena artística hegemónica. “Los Novísimos” fue el grupo integrado por Ángel Yegros, José Antonio Pratt Mayans, William Riquelme y Enrique Careaga. El colectivo propuso nuevas perspectivas para la experimentación visual, en un rango que alcanzó los campos del expresionismo abstracto y el arte cinético.

Este último se distingue del mencionado Op Art, por su carácter tridimensional. El Arte Cinético -tal como lo sugiere el nombre- es un tipo de arte se basa en el movimiento. En esta línea también se inscribe la pieza de Careaga “Proposición lumínico-cinética para una partida de Ping Pong” de 1968, realizada por el artista durante su estancia en París, presentada también en Verona en 2012.

La obra consiste en una mesa, cuyas dimensiones coinciden con las reglamentarias de una de Ping Pong. La misma fue intervenida -junto con ls raquetas, red y la pelota- con pintura fluorescente y acrílica, para plasmar patrones lineales en su superficie. La instalación fue dispuesta en una habitación oscura con luz negra, logrando un llamativo efecto que en el conjunto, daba la impresión de encontrarse suspendido en el vacío.

La obra demandaba además otro componente: el espectador. El mismo debía interactuar con la pieza para así formar en cierto modo, parte de ella.

 

En la instalación, se revela la nota que puede ser identificada en toda la producción del artista. Una que resuena en el interés sobre cuatro cuestiones concretas: espacio, tiempo movimiento y luz. “En mis obras trato de plasmar esos elementos esenciales y transmitir mi interés en ellos, justamente porque no los comprendemos”, afirmó el artista en una entrevista de hace unos años atrás.

En ese juego de luces, forma y dinámica Careaga nos invita a seguir confrontándonos con el universo y su transformación, con el espacio y sus cualidades, tal vez para seguir apelando a uno de los componentes principales que nos hace humanos: la incertidumbre.